domingo, 19 de septiembre de 2010

Bolerongos y Baladongas.




Desde que me reí tanto con una secuencia ya memorable de la película “El Diario de Bridget Jones”; me cuido mucho de no pasarme cuando decido darme un atracón de boleros, rancheras y canciones de las llamadas melódicas o románticas. Corro el peligro de montar una escena parecida a la de la película. Ya se sabe que los oyentes de Barbra Streissand, Celine Dione, Mariah Carey y compañía, o de cualquier cancionera latina, tienen peligro y tendencia a la sobredosis, las baladongas y los bolerongos te explotan en los oídos o frente a los ojos, y que vienen cargados de gases lacrimógenos…


Es que son canciones de las de rasgarse la ropa y mordernos los puños mientras las escuchamos; de esas que hacen que veas momentos de tu vida como a trozos en la pantalla de una telenovela, como video clips, casi todos en exteriores, playas, llanuras, picos de montañas, amaneceres, puestas de sol, o en interiores, en cabañas de piedra, chimeneas con fuego bonito y sin humo, y afuera lloviendo o nevando, según; o con luna enorme de verano y estrellas fugaces. Uno escucha, suspira y va como elevándose por dentro, a sabiendas de que está haciendo el ridículo, de que te estás poniendo ridículo, kitsh, almodovoriano, latino-dulzón, azucarado, meloso, melcochoso-melancólico, uno se está haciendo sufrir, aporreándose los tímpanos y empalagándose el alma, con esa voz que canta como a gritos y reclama afectos que ya no pueden ser; esas voces prometen fechas y cosas que no se cumplirán nunca, recuerdan juramentos de amor que ya no tienen sentido… Prestarles atención, hacerles caso, te hacen acabar cayendo de barriga sobre el colchón, anegaditos en llanto, o borrachos perdidos, a rastras por el suelo, hipando baladas, soltando el galillo junto con Marc Anthony, (que ése sí lo hace bien)

A Marc Anthony esas canciones le salen bordadas. Una hora a solas, un sábado por la tarde, con su disco “Iconos” (de este 2010) da una terapia de mejor resultado que con una sicóloga de las de tarifas altas. Al final del atracón, te lavas la cara con agua fría y luego sueltas tres suspiros de los gordos mientras te secas el rostro frente al espejo. Verás. Te quedas como nuevo.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Carta de pésame.

Junto con el verano se nos van algunos seres queridos. Tengo que escribirlo, dar mis pésames y soltar mis pesares. En sólo una semana la misma noticia llega un día tras otro, primero la hermana de una buena amiga, luego la hija de una amiga a la que considero una hermana, esta mañana me entero de que también mi vecino del segundo, el que siempre me saludaba en el ascensor y miraba a mis perros con afecto…


Esta tarde, llamada de Cuba: mi tío Arodys ha muerto. Llevaba dos semanas grave. Estábamos esperando la noticia, pero da igual. Mi familia de allá está desolada.
Es como si el mundo se fuera quedando sin buenas personas, pienso en ese arranque, esa reacción frente a la impotencia, frente al no hay remedio, el se acabó…

¿Y ahora cómo hago yo para dar consuelo, eso que tengo que dar: el pésame…? Yo que entiendo muy bien lo que se siente en esos días posteriores a las ceremonias fúnebres y a las despedidas; me refiero al comienzo del duelo real, físico, anímico, que sobreviene envuelto en esa congoja llena de ganas de pedir perdón, de sentimientos de culpa, de reproches, de pena por no haber aprovechado más y mejor los momentos en que estuvimos juntos, vivos, y felices…

Siempre la gran incógnita, la gran bola vacía, al final del camino. ¿Será como saltar a un hueco de la nada? Misterio insondable… ¿Será posible seguir comunicándonos con ellos, con lo que quedó de sus energías, desde alguna otra parte de nuestra corteza cerebral? Más misterio, más hondo. Más dudas, como siempre. Y sabemos de antemano que ninguna respuesta nos convencerá del todo.

Dice mi amiga T. que sobrevivir a quienes se nos van tiene un sentido, aunque no lo veamos así desde el principio. Será que algo nos queda por hacer antes de irnos, dice. Sí, nosotros también nos iremos en algún momento por venir. A veces conviene recordarlo; sobre todo en esos días en los que nos preguntamos qué hacemos aquí, para qué estamos, por qué vivimos, si existir es una carga, una roca embarrada de mierda sobre los hombros.

Difícil tarea esta de dar consuelo.

Y sin embargo hay que intentarlo; hay que reunir fuerzas -otra vez- para llorar, y hasta para reír.

Al conocido humorista cubano Alexis Valdés también se le murió su padre (Leonel) a principios de septiembre. Alexis, frente a una cámara de televisión, nos consuela hablando de su pérdida.

Pongo aqui el link

Alexis Valdés rinde homenaje a su padre

lunes, 6 de septiembre de 2010

Humildad y conocimiento.





Sabiduría, el saber. Insisto en ello. Seguir estudiando como quien aún no ha terminado el instituto, seguir aprendiendo como a quien le queda aún mucho por descubrir. Tres vidas más no alcanzarían.

Mañana tengo que empezar una clase nueva con un alumno nuevo. No nos conocemos y tengo, como siempre, esa aprensión que me desasosiega.

Pero ya soy perro viejo en estas lides, y voy desarmado. Llevo un maletín, una memoria flash para conectarla a un ordenador; y un área de mi cerebro entrenada para expresarme en otra lengua. Y no hay más ná; salvo las dos palabras que le dan título a este post.

Otra vez a vencer y pasar el casting de los prejuicios. Vencer, en este caso significa con-vencer al cliente-alumno para que se quede contigo; conmigo en este caso. Es el juego para los que traficamos y mercadeamos con la información. Ya no somos maestros a la vieja usanza.

Los profesores de idiomas, querido amigo, somos vendedores de palabras, de estructuras gramaticales y frases hechas para situaciones concretas, a tantos dólares o euros la hora. Ayudamos a traducir documentos, a confeccionar curriculums bilingües o preparamos ejecutivos para reuniones de empresas, o a candidatos para entrevistas de trabajo en el extranjero. A veces cobramos lo mismo o menos que las señoras que limpian a domicilio. En esta sociedad de ignorantes divertidos, la hora con un sicólogo vale tres veces más que una hora con un maestro privado, y una con un fontanero se quintuplica en dependencia del lugar y la gravedad de los atascos de mierda y desperdicios.

Vencer el casting es también traspasar las barreras de los estereotipos y los clichés, un mulato cubano no puede ser profesor de ruso en Méjico, por poner un ejemplo que conozco, (aún y cuando me consta que ese mulato se graduó con altísimos resultados académicos en una de las mejores universidades de Moscú) Según lo esperado ese profesional de esa raza y nacionalidad tendría que ser boxeador, jugador de béisbol o bailador de salsa. O camarero de restaurante cubano en el exilio, o con más suerte gigoló, que es una carrera corta pero rentable. Su inteligencia, la formación que recibió desde su infancia no cuentan.

Aunque parezca increíble, aún en esta España del segundo milenio hay personas que se sorprenden y admiran de que un cubano pueda ser profesor de castellano, de que yo no diga mi amool aunque sesee y me siga comiendo las zetas castizas; se asombran de que lea correctamente en voz alta y en inglés con acento neutro, una noticia de un periódico británico, aunque mis profesores en la universidad eran norteamericanos. Y ya lo inaudito es que me atreva a enseñar un poco de lo que sé de tai chi, en lugar de bailes afrocaribeños; aunque los certificados de instructor cualificado que poseo me los hayan dado mis maestros Xia Zi Cai y luego su esposa Hui Fang Shao respectivamente, y yo siga más de una década y media después como un eterno novato, repitiendo, repuliendo y re-aprendiendo ese arte misterioso que nos trajeron de China.

Y sí, los papeles te los piden para los castings de la vida. Muchos son auténticamente falsos, o se han quedado obsoletos, o no valen según en qué frontera o cuál país los muestres, tus títulos, tus certificados, tus diplomas, medallas, reconocimientos, masters y doctorados, pergaminos y trofeos, los puedes quemar, no te valen si lo que dicen o representan no está almacenado en una mente útil, en otra memoria que no sea flash.

Ser humildes, modestos y realistas. Seguir aprendiendo con el mismo asombro de esos niños que en este comienzo de septiembre entran al cole por primera vez. Algunos lo hicimos ya para siempre, no saldremos nunca del pupitre, no dejaremos de mirar a la pizarra, a la pantalla, a la página escrita para aprender y aprehender, absorber información y filtrar los conocimientos. Soy conciente de mi ignorancia, y de que necesitaríamos miles de vidas para tener una idea aproximada de cómo funcionan los relojes del universo. Mientras tanto procuro enterarme.

 

sábado, 21 de agosto de 2010

Un altar para las diosas cantoras.






En lengua portuguesa, Maria Bethania.

Escribo para una amiga que conduce muchos kilómetros en su coche oyendo música, y prestando atención a lo que dicen quienes cantan.

Conservo algunos artistas como esas copas que nos acompañan durante años y están ahí, en las vitrinas de los comedores, como en altares, para salir a llenarse de vinos que valgan la pena en fechas especiales. El vino barato se bebe en vaso.

Abro la vitrina y bajo del altar a esta cantante para ponerla a sonar ante los oídos asombrados, extrañados, de una niña de ahora que hoy se enfrenta ante la voz rara de esta cantora brasileña. Maria Bethania suena tan de siempre como antes, como en 1981 cuando sus canciones eran la banda sonora del verano en que nació mi hijo. Ahí está ese mismo cristal de copa fina, transparente cuando quiere, tallado, velado; todo eso es esa voz que brilla.

Luego está la sensualidad de tigresa, esas canciones tropicales con un erotismo velado y vehemente, mezcla de bolero, bosa, balada, trova.

Siempre se ha rodeado de buenos músicos populares y de cultísimos poetas que le proporcionan las letras que, si se descifran del portugués, son como versos con mensajes de amor, crónicas de desencuentros, declaraciones de principios.

He estado mirando gran parte de su discografía, viendo todo lo que ha seguido produciendo y grabando desde que la conocí hasta casi el presente. ¿Qué le recomiendo a mi amiga para que escuche mientras conduce? Hay de todo.

Ella tampoco ha parado de trabajar para embrujarnos; no se le ha agotado el talento. En las portadas de sus discos, en la mayoría, se observa el viaje en el tiempo del rostro tan particular de esa mujer que rompe, también en imagen visual, con el estereotipo de la diva bella. Creo que lo que ella quería conseguir lo consiguió sin añadidos. Conserva esa melena suelta y loca de cuando joven, pero lleva canas en las sienes y parece que no tiene intención de ocultarlas, ni de quitarse las arrugas o rebajarse la nariz de pirata. Otra que sabe que no hace falta ser guapa para ser fotogénica, o que en general no hace falta ser guapa cuando se nace siendo María Bethania.

sábado, 31 de julio de 2010

Staycation





Los ingleses han inventado la palabra del título de este post; es un compuesto de dos términos: stay (quedar, permanecer), y algo más de la mitad del vocablo vacation;…le pillas el truco, ¿no? O sea que, las vacaciones aquí, sin ir más lejos. Creo que este año (otro más de la crisis) los “staycationists” nos contamos por millones.

Algunos privilegiados se van a Cuba, otros inundan España; otros ruedan por el mundo, en trenes, en autobuses, en furgonetas, en bici; en lo que sea. Se mueven para descansar, para descubrir, para aprender.

¿Pero cómo descansan, descubren y aprenden los que se quedan, los que no se mueven? En mi caso, la respuesta a esa pregunta la encuentro anteponiendo otra: Bueno, ¿y si yo ahora mismo estuviera viviendo en Cuba, cómo se me ocurriría resolver esto…?

Ahí comienza un brain storming con centrifugadora incluida. Objetivo: vacaciones en España, verano en Málaga (ventajas y machaques)

Y las respuestas y las soluciones aparecen de acuerdo al tipo de objetivos a lograr.

Decía en mi anterior escrito que este año, durante las vacaciones de verano, quiero practicar cosas que sé y aprender otras cosas que aún no conozco, quiero además llegar al otoño con ese colorcito de playa, ese bronceado reluciente de los cruceristas que todas las semanas desembarcan y deambulan por esta ciudad. Para mantener la forma física, creo que me gustaría estar unas cuantas semanas desarrollando un buen programa (personalizado) de ejercicios en un gimnasio de los caros, como preparación previa antes de irme a mi (hoy por hoy imposible) seminario anual de reciclaje de Tai Chi con mi maestra. También quiero retomar y re-procesar mis conocimientos con el masaje deportivo y terapéutico. Y, de ser posible, y para compensar tanta actividad física, estaría encantado visitando museos (también de los caros, por supuesto) refinando mi intelecto, para agudizar mis sentidos, para sanar con buen arte los ojos embotados de ver innumerables imágenes de catástrofes y conflictos. En vacaciones, en los museos miramos las catástrofes y los conflictos de otras épocas convertidos en lienzos y esculturas aleccionadores.

Y ya puesto a pedir me entusiasmo y agrego un cursillo de inglés (éste también a ser posible de los más caros) y otro de literatura, en Español. Este año toca literatura norteamericana y latinoamericana, escojo a Jack London, y (otra vez) a Vargas Llosa; todavía siento que aprendo cuando me pongo en contacto con esos autores, y eso es buena señal.

Así pues, si ya tengo el lugar, los objetivos y los contenidos de los cursos que me propongo desarrollar durante el verano, lo que me resta es programar los horarios y dosificar los temarios y estructurar los planes y programas alternando actividades prácticas y teóricas. Haciéndolo todo aquí, pero con esa mentalidad de resolver de allá, de cómo si aún viviera allá. Lo dicho: staycation.

Mi gira de visitas a los museos europeos me la ha pagado el difunto abuelo Antonio, de él heredamos esos cinco tomos de la colección Museos del Mundo, que me llevan al Ermitage, los museos de Florencia, el Louvre, claro está, la National Gallery de Londres, y por supuesto El Prado. Cada tomo consta de unas trescientas páginas; no sé si me dará tiempo a visitarlas todas, sumando los cinco son 1,500... mucho museo cansa; pero los libros son esas piezas fascinantes, encuadernados en cartón duro, papel de alta calidad y reproducciones a toda página (20x30) Son esos libros que nunca nos dejaban prestados en las bibliotecas públicas para llevarlos a casa y mirarlos y curiosearlo todo dentro de ellos con tranquilidad y tiempo, metido en el museo, pero tumbado en la cama, o en el suelo, que es como mejor se ven de niño los libros grandes.

La semana pasada me di un paseíto más o menos rápido por El Louvre, y ahora creo que voy a quedarme unos días descubriendo Florencia antes de irme a Rusia y luego a Londres. El Prado me lo dejo para último, porque lo tengo más visto y también porque es mi favorito.

Los gimnasios de la zona este verano están cerrados (para mis bolsillos) Esas máquinas científicas para correr sobre ellas o moldearte los bíceps sudando a ritmo de Britney Spears están lejos. Y me aburren. No hay nada que me parezca más idiota que pagar para endurecerme el culo y las piernas bufando encima de una bicicleta que no me lleva a ninguna parte. Con lo lejos que puedo llegar en 45 minutos de pedaleo. Y todo lo bonito que hay que ver en Málaga. Y hay sol, del de verdad, no de cabina bronceadora.

Si este año hubiera reservado una excursión en alguno de los cruceros que tocan puerto en Málaga, habría solicitado una habitación doble o una suite con terraza y solario privado, más o menos del mismo tamaño de mi terraza, y a ser caprichosos, con una réplica de macetas y flores andaluzas, para no escatimar en gastos... Desde mi terraza, a cinco calles del puerto, escucho las sirenas de los cruceros, llegando o avisando a algún excursionista rezagado, que se apure, que falta nada para zarpar. Visto desde Google Earth estos edificios en los que vivimos parecen vapores fluviales, y mi terraza esa réplica que quiero para la suite de mi próximo viaje. Saco el equipo de música, conecto las bocinas a este ordenador portátil y busco la música que quiero, tengo algo de espacio para practicar tai chi, y ya de paso hago ejercicios de elasticidad, de eaquilibrio y algo de fuerza, y cojo sol, y riego las plantas, y baldeo el suelo con una manguera, y mojo a los perros que salen huyendo.

El ordenador en la terraza me resuelve muchísimo, no sólo por la música, también pongo los videos que me sirven de guía para corregir ciertas posturas dentro de la secuencia de movimientos y además estudio lo que le tengo que explicar a los abuelos-alumnos cuando retome las clases con ellos en septiembre; mi gran problema con los principiantes: la corrección postural, el colocar el esqueleto en posición correcta antes de intentar aprender nada de lo que seguirá.

Y los videos me sirven para ver cómo mis amigos del estilo que practico (Xin Yi) perfeccionan las practicas con la espada. Miro con atención, copio y repito, con paciencia, y con ese gustillo que da girar el cuerpo conectando las plantas de los pies con el suelo y las palmas de las manos a la empuñadura de una espada.

Pero me parece que de eso voy a seguir hablando en la próxima. Ya este post se hace demasiado largo y no quiero aburrirle las vacaciones a nadie.

miércoles, 21 de julio de 2010

Poquito pero sabroso




No llevo contador de lectores de este blog, no me he preocupado de aprender cómo instalarlo, y creo que tampoco quiero hacerlo, para que no me condicione, supongo. A veces creo intuir que me leen más personas de las que conozco, me voy enterando poco a poco y eso me provoca una curiosidad casi infantil, lo confieso. Pero una vez que se me pasa y vuelvo a la página por hacer, pienso en ese puñado de personas (individuales) que van a recibirlo como si yo, en vez de escribir estuviese hablando en la tertulia de un patio, en el sofá con tres o cuatros invitados inteligentes y amigos, en la terraza ahora que es verano. No mucha gente, una fiesta grande te desborda y te agota. Prefiero los guateques y las descarguitas familiares. En ese ambiente me expreso más a gusto, más tranquilo y mejor. Poquito pero sabroso.

Entonces quisiera seguir pensando que escribo para un puñado de personas regadas por el mundo, que se alegran de sabe de mi cuando reciben algo (lo más) parecido a esas cartas que ya no le puedo mandar a mi compadre Norberto, que ése o eso fue el origen de este blog, ¿recuerdan?

Hasta ahora funciona. Aunque yo siga echándole de menos y ya no pueda escribirle para comentarle cómo se cumplen sus vaticinios con respecto al futuro.

Norbe, aunque se las arregló toda su vida para vivirla lo mejor posible -se lo curró mucho, me consta-; fue siempre de los que le mira el lado gris a los brillos, o ven la mitad de la botella medio vacía. Tengo que reconocer que esa actitud le daba una especie de bisturí implacable para diseccionar la realidad de su entorno, la realidad política también.

Hoy estaría, paradójicamente, coincidiendo con Fidel (Castro) en que los vaticinios para el mundo son oscuros con pespuntes negros.

Y yo tendría que consolarlo contándole que recién he descubierto un libro (otra vez, otro libro) maravilloso. Este (el de esta vez y de este tiempo), se llama: Hot Flat and Crowded.

Mientras leo ese libro espeluznante -que sé que irá a parar al grupo de lecturas que me cambian la vida; el verano se instala en Málaga con toda su belleza y calor, (algo que también nos cambia la vida) y cada vez pasamos más tiempo al aire libre.

Como parece que por ahora no me voy a morir, ni nadie nos va a matar, yo dedico el verano a holgazanear, practicar y aprender. En eso orden.

Hay tardes de no hacer nada, sólo dejarse atraer por la fuerza de gravedad, mejor sobre un colchón, mejor aún si hay un ventilador en el techo, estirarte y oír algo de música, o mejor ni eso, oír el silencio del mediodía en esta zona de calles vacías a esa hora. Si acaso algún gorrión que no se duerme, si acaso el bostezo del perro a los pies de mi cama… Dejarse ir, o dejarse llevar hasta que pasa el calor. Siesta, me gusta esa palabra y meterme dentro de ella.
Eso sí que es holgazanear.

Lo de practicar y aprender es que me estoy haciendo algunos cursos de verano. Lo voy a contar en otro post, más adelante.

lunes, 5 de julio de 2010

Holocáustico, apocalíptico.



Ahora mismo, mientras escribo esto, imagino a Fidel (Castro) redactando sus vaticinios sombríos, lo imagino con aquella idéntica mirada de loco desamparado que tenía mi padre unas semanas antes de suicidarse. Hace casi veinticinco años, mi padre se quitó la vida por estas fechas que coincidirán con los augurios de El Comandante en Jefe, me refiero a ese aviso del (según Fidel) inicio de la Tercera Guerra Mundial hacia los días finales del mundial de fútbol. No paran de anunciarlo en las pantallitas de los ordenadores.

Mi papá decía que Fidel Castro Ruz tenía otro nombre y otros dos apellidos: Armando Guerra Solo. Era uno de sus chistes favoritos. Mi padre detestaba a Fidel, le replicaba en voz alta sus discursos de la radio hasta que asustaba a mi mamá que le mandaba a bajar la voz, delante de nosotros, los hijos, que escuchábamos confundidos. Mi padre y Fidel tenían el mismo ceño, una igual manera de juntar las cejas para regañarnos o advertirnos de un pescozón preventivo.

No puedo evitar sentirme hijo de Fidel, hijo de un lugar y una época, aunque siga renegando de mis padres, me distancie del lugar de origen, y me sienta ajeno a ese tiempo de la escasez constante, del miedo y las amenazas…, que nos invaden, que nos invaden, que llegan los tiros y las bombas y tendremos que ir a morir a las tumbas colectivas de los refugios antiaéreos, refugios artesanales “made in Cuba”. Se construyeron para la situación de “Guerra de Todo el Pueblo” Las imágenes dantescas que venían a mi imaginación durante todas aquellas décadas de miedo al imperialismo… aún me ponen los pelos de punta.

La muerte, la muerte, siempre la muerte al final del programa, del proyecto, de la meta. La muerte como única opción posible, como alternativa binaria, desde que comenzamos a tener uso de razón como pueblo en una isla: Independencia o Muerte, Libertad o Muerte, Patria o Muerte, (…-Socialismo o Muerte- Y valga la redundancia, decía también mi padre en otro chiste de los suyos.)

Combatir hasta el último soldado…, hundirnos en el mar antes de renunciar a la gloria que se ha vivido…

O Muerte

Mientras tanto no llegaban (ni llegan) la independencia, ni la libertad, ni el tan ansiado socialismo, ni los marines yanquis repartiendo pescozones; y nosotros nos hemos muerto de sida, de cáncer, de carencias vitamínicas, de dengue hemorrágico, de hastío, de tedio. Otros, como el loco de mi padre, se adelantaron a los acontecimientos y se quitaron de en medio por su cuenta y riesgo.

No puedo evitar unir las dos miradas en un mismo recuerdo, ese brillo frío y asustado de los ojos bajo las mismas cejas pobladas.

Ambos se equivocaron tanto, nos asustaron tanto, nos provocaron tanto miedo, que poco pudimos hacer para ayudarlos a seguir vivos y cuerdos, para que intentaran ser felices, dichosos de tenernos como hijos dispuestos a entender, colaborar y perdonar. Los hombres como ellos mueren en soledad. Reciben el alivio del fin sin que una mano aferre sus dedos con todo el amor de las despedidas. Nos alivian con su partida, es la verdad más abismal, nos aliviamos de que se vayan.

No pude salvar a mi padre de su abismo. No dejó ninguna señal, ni siquiera una nota de despedida.

Hoy leo con conmiseración esas notas de despedida de ese otro padre loco, que me avisa que corra, me refugie y me prepare para la lluvia de misiles. Pero esta vez no. Otra vez no.

No voy a correr y esconderme en los refugios antiaéreos. Aquí afuera es verano. El mar es azul. Las campanas llaman a fiesta, esta vieja ciudad está viva y llena de ruidos insoportables, de martillos renovando calles, de mandarrias tirando muros viejos, de máquinas asfaltadoras, de aviones cargados de turistas, de cornetas futboleras. Nadie quiere morir, al menos por ahora. Nadie se va a morir, menos ahora; que hay tanto que hacer para arreglarnos ese mundo que ellos, mis padres, nos dejan jodido revuelto y sucio.

Y cuando llegue la que tú sabes, que llegará…, porque llegará, a mí que me coja guarachando. No voy a callarme, ni a esconderme.