domingo, 13 de febrero de 2011

Foto lectura

La foto de la que hablo no es de mi propiedad. Hay que verla en ese link de la web de la revista Life. Acabo de descubrirla en esta mañana de domingo. No puedo resistir la tentación de compartirla.
El cambio en Egipto está siendo también una revolución en imágenes.
Las hay por miles, hay millones entre las que escoger.
Y yo me he decidido por esta. Por su enorme poder de síntesis; y por lo que tiene de fotograma último, ese que queda congelado al final de una película (¿con final feliz?)
Esta foto podría leerse de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda, y según se observe nos contaría dos historias diferentes.
O podríamos partir desde el centro, desde los ojos de ese niño que nos interroga asomándose tras el hombro de su padre, bajo la antigua bandera de su nuevo país, entre un amanecer y un ramo de escobas

http://www.life.com/image/109026617/in-gallery/55071/cairo-the-latest-pictures

jueves, 10 de febrero de 2011

Visiones-Utopías-Ecos




Mi amada Madrid desaparece bajo la boina de smog que se la traga. La boina baja y se convierte en bufanda que la asfixia en pleno invierno. Está en las fotos de los periódicos de ayer; al mismo nivel de las imágenes que llevan semanas narrándonos lo que ocurre en el Cairo, y junto a las declaraciones de ese muchacho egipcio Wael Ghonim que no quiere ser un héroe. Parte el alma verlo llorar de manera incontrolable, inconsolable frente a la cámara durante una entrevista en un estudio de televisión. Escucharlo contar su sufrimiento produce pena y coraje. Dice que no pertenece a organización o partido alguno, que él y otros jóvenes de su entorno carecen de afanes de poder, de riqueza o protagonismo. Sólo quiere ser libre de verdad, de verdad, y de verdad. Quiere poder hacer, poder participar. Y están pagando un precio muy caro por ese anhelo, en vidas, exponiéndose a que los maten.
Los jóvenes están enfadados, cansados, frustrados; desencantados de nosotros, sus padres y abuelos mubarakes, fideles, zapateros, bushes, militares y ayatolas, y nos ven como lo que somos: dos generaciones antecesoras de inútiles egoístas, hipócritas, violentos, destructores y contaminantes.
Mi amada Madrid, como tantas otras mega-ciudades en el mundo, va camino de esa noche constante y penumbrosa, empapada de llovizna ácida que es el cielo futurista de una película estrenada en 1982: Blade Runner. ¿La recuerdan? Pues casi 30 años después aquellas sombras de ficción son estos humos reales. Ridley Scott nos auguraba un mundo de fantasmas transgénicos y máquinas locas que querían ser humanas y libres, también de verdad.
Pienso en mis amigos, en todas las personas que quiero y viven, trabajan y respiran en Madrid. Y en la terrible prueba que significará para el egoísmo colectivo de hoy en día el acto de generosidad individual de detener un poco los coches, hasta ver si las cosas se aclaran. El periódico de hoy dice que, pese a los llamamientos de las autoridades para utilizar el transporte público, los madrileños siguen sin hacer caso, sordos, ciegos de humo (¿y soberbia egoísta?) en medio de ese aire, que aún, hasta hoy es propiedad y responsabilidad de todos.
Tenemos lo que nos merecemos, pero algunos jóvenes se niegan a cargar con esa herencia hipotecada que pensamos dejarles cuando se queden solos, sin nosotros, en este planeta agónico.
Nuestros nietos tendrían que ser mejores personas para habitar una utopía de bio-ciudades por venir. Mientras hoy en Egipto, los jóvenes dibujan el suyo desde este presente; en ese mismo periódico plagado de imágenes desoladoras, hay una colección de utopías trabajadas en dibujos digitalizados. Un arquitecto también joven, soñador y artista, el belga Vincent Callebou, se atreve a desafiar el pesimismo, el inevitable Apocalipsis y abre ante nuestros ojos ese otro mundo posible, real-maravilloso. Un mundo para mejores personas, en el que yo no viviré; un mundo todo lo opuesto de este presente. Un mundo más frágil basado en la honestidad y la confianza, en la colaboración más que en el individualismo feroz que nos caracteriza.
Mirar estos sueños en colores me enciende una llamita, como de fósforo, en el frío del pecho. Me sirve para entender lo que está pasando ahora mismo. Y me sirve de consuelo. Por eso lo comparto.


Quien quiera asomarse pinche aquí.

The Eco-Utopian Visions of Architect Vincent Callebaut

domingo, 23 de enero de 2011

La personaja del año




Hay que concederle el título. No he tenido más remedio que quererla. Se ha hecho querer pese a que siempre hay que estar vigilándola para que no haga una trastada. Pero se hace querer, y se lo curra bien, ella intuye que es bonita, y dulce, con esos ojos verdosos y esa cara de santa, de mosquita muerta que no ha roto un plato en su vida…; cuando pide perdón por hacerme enfadar, me mira y menea la cinturita de bailarina. No tengo menos que reír.

Vamos por la calle y los hombres me la piropean, y yo hasta me mosqueo un poco y todo. A ver si la montan un día en un coche y nos la secuestran; que ella es capaz de irse con cualquier desconocido que le haga una gracia o le diga que es guapa.


Esta pelirroja sí es la verdadera princesa del pueblo, y no otras rubias teñidas que andan por ahí en los platós de televisión. Al menos ya es la princesa del barrio, la Miss Piernas Bonitas del Guadalmedina. Hace tres semanas ha conocido y tenido amores con Cartucho, un podenco como ella, del mismo color y más corpulento. Todavía no sabemos si se habrá quedado preñada, pero ha tenido un par de vómitos y está mimosa y dormilona. Me pregunto que tal madre será esta persona(je)(ja) del año que, aunque ya es adulta, lleva aún esa especie de alegría en estado puro, y la expresa cuando se siente libre, la he visto, y la han visto las personas que pasan por el puente sobre el Guadalmedina y se detienen a mirar esa perra loca de contenta disparada como una flecha tras las garzas o las palomas, o jugando ella sola a tirar, patear y saltar a coger entre los dientes una pelota, un palo, un trapito, una botella de plástico, como si fueran lo más lindo de la vida.










domingo, 9 de enero de 2011

Cada objeto cuenta una historia





Abro mi ventanita para que el mundo tenga el tamaño de esta pantalla. Escribo el primer post de 2011. Hola a todos otra vez. He recibido cartas, postales y abrazos, electrónicos, algunos desde muy lejos; todos con mayor o menor cantidad de bytes y de imaginación, pero todos con esos afectos que me desarman, y que de alguna manera trataré de corresponder; ¿será verdad que quienes me quieren me quieren tanto…, o es que yo me lo creo así…? Es que las postales y los mensajes han llegado tan cargados de cariños…, a reventar…

He aprovechado las vacacione navideñas para darme un paseíto por el Londres virtual, llevo semanas metido en el British Museum, en visitas de 15 minutos; es el tiempo que dura cada uno de los cien programas que la Radio 4 de la BBC ha transmitido a lo largo del recién finalizado 2010.

Por estos días hace un año se estrenaba esa joya de anuncio, es uno de los videos promocionales de la serie.

Pertenezco a una cultura que por tradición era entrenada desde la infancia para de alguna manera “ver” lo que se escuchaba en la radio, antes que televidentes, antes de que la paleo-televisión de los años 60 desembocara en las actuales pantallas planas, los de mi generación fuimos los últimos niños radioyentes, capaces de embelesarnos oyendo, capaces de visualizar aventuras, romances, obras de teatro, hasta películas...

Con esta serie me ocurre una experiencia nueva, que me obliga a reacomodar y reorganizar lo aprendido; es que son programas que escuchas mientras lo ves. Por momentos da la impresión de estar ante la banda sonora de un documental, se oyen pasos y ecos en las salas y galerías del museo, esa resonancia de los lugares cerrados con techos altos, pero también hay voces grabadas en exteriores, en el lugar en el que se encontró el objeto del que se hable en cada programa. Hay cortinillas musicales, cabecera, presentación y pausas como en cualquier programa de radio de toda la vida, pero el asunto es que, como lo “oímos” a través de una página web, mientras oyes no sólo imaginas sino que ves realmente lo que escuchas, y el programa se me convierte de repente en una clase de historia, o de arte, o de historia del arte, y mi silla en un pupitre escolar. Y para que no falten detalles, en una columna a la derecha de la página web, aparecen todos los datos técnicos del objeto protagonista de ese día: color, tamaño, época y lugar en el que fue encontrado, o desenterrado, o robado.

Hay también mapas de localización de las piezas, y videos reales que muestran el objeto en la pantalla del ordenador, con esa lentitud con que giran en los documentales, y como las fotos son de alta resolución pueden ser ampliadas y ampliadas y re ampliadas, como si los del museo nos prestaran una lupa para desentrañar el pasado que fue.

Llevo semanas acumulando esos trozos de 15 minutos de buena radio, de factura impecable, de inglés de alta calidad (en contenido y forma); contra horas y más horas de tedio cinematográfico navideño, comedietas y telebasura a granel. Empecé por (escuchar-leer-mirar-estudiar) a partir del programa uno, ya voy por el 64, me lo estoy pasando pipa, como dicen aquí, me entretengo, aprendo, practico idiomas, y es gratis.




jueves, 23 de diciembre de 2010

QUI para todos

Bueno, así como sin darnos cuenta se nos acaba la primera década del siglo. Tengo esa sensación de que el tiempo se ha ido a toda pastilla, y que en algunas cosas nosotros, los habitantes de este planeta, hemos adelantado poco, o más bien nada. Pero hoy no voy a meterme en esos asuntos. Esta noche de lluvia interminable en Málaga yo tengo un rincón seco y tranquilo cerca de la calefacción y escribo para quienes esperan de mí una postal de navidad, o algo parecido, en esta penúltima semana de diciembre.
La ilustración de este post es mi postal; y como veréis navideña, lo que dice navideña no es. Aunque no es la primera vez que la saco a relucir, la fotocopio, la meto en un sobre y la envío por estas fechas como señal y deseo de buena voluntad. Ese ideograma me acompaña desde hace exactamente una década, desde que descubrí a al gran artista de la caligrafía y el tai chi que es el maestro Wang Bo.
En diez años he tenido tiempo más que suficiente como para desentrañar su laberinto de brochazos, círculos, curvas y ángulos. Ahí está el magisterio del ejecutante, su singularidad, convertir la palabra “Qui” en obra de arte visual. El dibujo gira y se mueve ante los ojos de quien sea capaz de observarlo con atención. Y para mí lo más fascinante sobre todo es, que tiene el increíble mérito de haber sido resuelto con sólo dos pinceladas. Todo el conjunto está compuesto por dos piezas que se relacionan.
La primera es ese brochazo horizontal ascendente en el centro, de izquierda a derecha, que baja y termina en una especie de “pata” central abajo, a la derecha, junto a la nota con el título del dibujo, si observáis se ven los pelos del pincel donde se detiene el trazo.
La otra pincelada comienza en el centro y arriba, es esa gruesa y segura que va afinándose hacia abajo y termina como en forma de uve, a la izquierda de la “pata”; la línea izquierda de esa uve asciende en diagonal, como volando, dejando por un momento un rastro fino de tinta, ese rastro coge fuerza y gira bajando hacia la derecha, se impulsa hacia la izquierda, se curva y atraviesa el centro de la uve, y luego a toda velocidad, cruza por encima de la “pata”, la traspasa rumbo a la derecha, sigue, gira hacia arriba y se convierte en ese gran trazo final que rodea todo el conjunto por detrás, de izquierda a derecha, para terminar en un hilo mínimo en el centro mismo de la composición; ahí, donde el maestro elevó la mano y separó delicadamente el pincel del papel.
Es así como se mueven los torbellinos de la luz, según la visión del artista. Wang Bo ha sido capaz de sintetizar en dos trazos el movimiento de ese misterio que en nuestro idioma puede ser masculino y femenino, porque “Qui” (energía) es en su primera acepción: (el) poder, (la) eficacia, (la) virtud para obrar.
Es lo que pido para todos, lo que mando en mi mensaje en esa postal no navideña, el dibujo con su título y con sus otros 28 significados posibles y necesarios:
vivacidad, electricidad, dinamismo, resistencia, resolución, empuje, acción, coraje, entereza, intensidad, firmeza, tenacidad, contundencia, carácter, poderío, potencia, reciedumbre, calor, garra, valor, fuerza, ímpetu, brío, ánimo, vigor, pujanza, vida, y luz…
Que no falten.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Revolviendo en la basura cotidiana.





Escarbando en la basura cotidiana; asustados por las amenazas; afectados por los desplomes en los bancos; sucios, contaminados por derrames de petróleo crudo… Sobrecogidos por revelaciones secretas; temerosos de quienes se suponen están ahí para protegernos y cuidarnos; desconfiados de los mercados, alarmados por los precios; preocupados por el clima; desolados como los páramos que fueron bosques de vida. Vagando por el desierto laboral en busca de un salario decente y un trabajo estable; enfermos de virus y bacterias manipulados en laboratorios, rehenes de fanáticos suicidas, integristas unos, dueños de trasnacionales otros. Así estamos. Es el retrato del dolor, del miedo en absoluto.


Pero si escarbamos quizás aparezca aunque sea una sola piedra pequeña y reluciente, como un rubí rojo, una esmeralda verdecita de esperanza, una piedra rara y pura, una humilde cuenta de vidrio limpia y transparente, una piedra de río pulida como un huevo por el tiempo…Va y a lo mejor hubo un día de un mes en que alguna apareció entre la avalancha de malas noticias, y la sacamos del montón y la conservamos en una foto, en una nota manuscrita, en un objeto que sujeta papeles sobre la mesa.

A lo mejor en estos doce meses hubo doce buenos momentos, doce buenas noticias, doce sorpresas felices, doce canciones que serán memorables, doce logros, doce pequeñas victorias, doce sueños cumplidos, doce nuevos proyectos, nuevas personas, nuevos amigos, buenas ideas, nuevos inventos, buenas acciones; doce alegrías, doce buenas razones para seguir.

Creo que si abrimos bien los sentidos seríamos capaces de descubrir más de una joya que nos ha caído de regalo en medio de la mierda… Al menos un acontecimiento que merezca ser tenido en cuenta; uno por mes, quizás. Yo me he puesto a la tarea y súbitamente mi lista crece y sobrepasa las expectativas. Poseo más alegrías y más logros cuando empiezo a sumar y a sumarme a las de otros como míos: y agrego ese premio literario a un autor que escribe para mí porque soy uno de sus lectores secretos o uno de sus amigos públicos. Míos son también los diplomas de graduación de quienes han sido mis alumnos; míos son los sobrinos y nietos que nacen en las familias de mis amigos; mías son las mismas emociones que envolvieron las promesas de amor dichas por los novios protagonistas de aquellas bodas a las que fui. Mía es la sensación de triunfo de quien le salvó la vida a un perro; o terminó de pintar un cuadro, o pudo llegar a fin de mes, navegando con su pequeña empresa, reflotando un sueño.

Mi lista sería aún más amplia si quienes leen esto me mandaran las suyas. Revolviendo en la basura cotidiana algún tesoro habrá digno de ser rescatado.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Desde otra galaxia ajena al "jip jop"

Las voces, la limpieza, la potencia del sonido. El aire, el uso de la respiración. Las técnicas vocales, la dicción, la pronunciación perfecta dentro del fraseo sin desafinar.
Y un puñado de ángeles tras el fuelle en la garganta del artista. El duende andaluz; o la gracia divina y humana fluyendo de pecho a pecho, de ejecutante a oyente en una canción, en una pieza tras otra. Y los músicos poniendo sus instrumentos a los pies de esas voces, para dejarles que se luzcan. Lo auténtico no caduca, es un misterio posible de ver ante nuestros ojos; un misterio que se nos revela entrándonos por los oídos.

Perdonen la descarguita lírica; pero estoy esperando el día que un rapero logre hacerme escribir un párrafo similar al anterior.

Esas palabras, las envolturas de esos sentimientos; me las provocan otros artistas, tan jóvenes y lejanos como esos nuevos contestatarios del rap y el hip hop, que parecen ser los herederos y son los autores de las canciones protesta y los himnos tristes de esta época.

Sus cánticos monótonos y dolidos, más dichos que entonados,
más ladrados que cantados,
nos van dejando una acidez, un enfado en el estómago,
ganas de escupir; ningunas ganas de tararear.
Protestan, cuestionan, critican, ponen en duda,
valoran, subvaloran, desvaloran;
machacan el lenguaje, lo ensucian y lo empujan, lo marcan, lo mapean,
lo llenan de grafitis y tatuajes…
Y hablan de amor
y de amistad
y de ejemplos en los que ya nadie cree.

Mis opiniones, mis percepciones de ese “arte-rap” escritas así, colocadas de esa forma y leídas con tono de amenaza, salen rapeadas, o “ jip joperas”. Ah, y no hace falta tener buena voz para decirlas.

En teoría yo debería de algún modo defender a esos jóvenes raperos de mi país. Son la generación de mi hijo. De ellos me gusta el atrevimiento, el arrojo, el desparpajo incluso. La frescura de su novedad, su juventud.

Y no me gusta nada del resto de lo que ofrecen. Ellos, como artistas, como hacedores de arte, digo. Hablo de esos que se tienen que erguir sobre un escenario, bajo los focos implacables y frente a los micrófonos y las cámaras de alta tecnología, infalibles a la hora de registrar hasta el mínimo detalle y magnificar los defectos, las carencias, las ignorancias, las inseguridades escénicas, la falta de gracia, la ausencia de esos ángeles soplando el aire en el fuelle tras las gargantas. Es así, se tiene o no se tiene.

Lo siento por ellos; pero el primer párrafo de este post de hoy está dedicado a los chicos del video que viene a continuación.

Josh Groban y Lucia Micarelli pertenecen también a esa generación de creadores que tienen la edad de mi hijo. Y desde las antípodas, desde otra galaxia arriba y lejos; ellos también hablan de amores apartados por distancias y fronteras, de enamorados encerrados en islas donde evocan lo mejor de sus parejas o ex-amores ausentes. Lo hacen de otra forma, pero cuentan lo mismo; desamores y desarraigos; porque Mi mancherai (Me faltarás) es el tema de la banda sonora de la película El cartero y Pablo Neruda.