Han sido unas semanas de mucho ajetreo, con poco tiempo para mí, para estar conmigo y escribirme, textos para Ricardo.
Estoy de vuelta luego de un período de silencio involuntario. No he tenido tiempo para estar conmigo. El que no publicase no quiere decir que no escribiera. He estado escribiendo a ratos, cuando he podido. Pero lo he hecho para mí, para estar conmigo, repito. Y luego he estado preguntándome y seleccionando lo que pudiera ser compartible y que aparezca en el blog.
El enterarme de que todo lo que se publica en la red es imposible de que sea totalmente borrado, o de que desaparezca, al menos por ahora, me ha dejado impresionado y me dado una especie de respeto, de asombro, incluso de recelo; me ha hecho pensar en ser más cuidadoso con lo que deje escrito para esta eternidad virtual que se encargará de convertir en perpetuas nuestras meteduras de pata, ingenuidades, candores, ignorancias, putadas y arrogancias. Pero me reafirmo en lo que puse en la primera línea del primer post la noche que inauguré este blog, sigo buscando mi alma, y lo sigo haciendo muy en serio. Y con las cosas del alma no caben subterfugios, rejuegos ni mentiras.
Llegan diciembre y sus recuentos. A lo mejor algo de lo ocurrido durante este año valdrá la pena de ser contado o re-interpretado.
Hace pocos días estoy en mi cocina distraído fregando cacharros; de fondo la 3 de Radio Nacional de España, la locutora dice un nombre al que no presto mucha atención, un nombre de mujer con dos apellidos bastante comunes; otra cantorcita plañidera más, supongo. Hasta que la grabación comienza y de la radio sale una voz que me obliga a que la escuche.
Cerré el grifo del agua y me quedé atento. Cuando terminó la pieza, la locutora repitió el nombre de la artista y yo lo apunté: Silvia Pérez Cruz.
Si este blog fuera un programa sobre música (a veces pienso que va camino de serlo) Silvia sería entonces la artista de la semana. Y el título del programa sería el de este post de hoy domingo.
He buscado y visto un montón de videos en internet, de los que resumo la información que he ido encontrando: Catalana de procedencia y belleza andaluza. Estudió en el Instituto Superior de Música, lo cual da una idea de que sabe hacer su trabajo y porqué. Sensible. Femenina. Echando mano de un mínimo de recursos técnicos y materiales, me refiero a luces, escenarios, instrumentos acompañantes, y a un máximo de ángel, gracia y finura.
En esto de apreciar arte (o entretenimiento); conmigo sigue funcionando el principio del niño que se fascina lo mismo con un cacharro de juguete sofisticado y carísimo, que con un grillo, o una hilera de hormigas exploradoras descubiertas en un jardín. A esta muchacha la veo, y la oigo, situada en el extremo opuesto de las ladys gagas, spears y demases, a quienes no quito el mérito que han ganado en la industria; pero encanta y hasta tranquiliza, descubrir y afirmar que otras, como esta Silvia Pérez Cruz con su nombre sencillo y su arte de persona cercana, logran los mismos efectos, los mismos objetivos de artista grande con menos efectismos y menos aspavientos.
Encontrar que en su repertorio personal hay, además de piezas catalanas y buen flamenco, un montón de canciones cubanas de las buenas-buenas, fue lo que acabó de decidirme para incluirla en mi lista de “Artistas a los que hay que querer”.
Y basta de cháchara. Pongo dos videos aquí, escogidos de entre todos los vistos. El primero va con ese encanto del lugar en que está grabado, así en plan tarde de aficionados en el salón de los abueletes, y la Silvia ahí con su papá a la guitarra.
Se llama boicot mental y lo practico, pero es como una quijotada, una quimera imposible de alcanzar. Mi mente boicotea los titulares de las noticias que sé no lo son.Boicot mental es borrar a esa persona odiada o que desdeñamos, desaparecerla de nuestras mentes, es saltarnos directamente el canal de televisión donde unas señoras (previo pago) discuten ante las cámaras su privacidad a gritos y reproches; es olvidar que el estúpido de tu vecino vive a dos puertas de la tuya; es ignorar voluntariamente que esta tarde misma el trending topic, el hastag que calienta las redes habla de la criatura mediática más odiada de España.
Precisamente lo que “ella” –no escribiré su nombre- quería, quiere: llamar nuestra atención para que nosotros, carneros interactivos, semianalfabetos funcionales, miremos, criticones, despreciativos, pero miremos, de espaldas a la máquina que mide la electricidad que pagamos en cada giro que da esa ruedecita de los watts por minuto, de frente a la pantalla que no diluye el rostro de la odiada nacional de turno, porque las audiencias suben, y los cifras del cheque que cobrará a fin de mes también, y nosotros los desocupaditos, los aburridos y decepcionados de las vidas ajenas nos entretenemos contribuimos divertidos y la alimentamos con nuestro menosprecio.
Mientras, la información, lo que de verdad debería ser noticia, se escurre y se escamotea en los telediarios, oficialistas o comerciales, da igual.
Hace un par de años unas, otras, mujeres ignoradas y anónimas Elizabeth Blackburn y Carol Greider (¿las conoceis?) fueron sacadas por un momento de sus laboratorios para que se llegaran hasta Estocolmo a recoger su premio nobel de medicina ¿alguien lo supo, alguien lo recuerda?, pero eso no es importante ni es noticia, aunque quizás esas ignoradas por los ignorantes descubrieron algo que un díasalvará la vida de alguno de nosotros, borregos obtusos, cansados, criticones, que llegamos reventados de noche al sofá frente a la tele para enterarnos de las nuevas razones que las muy-más odiadas de aquí nos da para que sigamos queriéndolas con ese desprecio feroz de quien se siente superior humana e intelectualmente en este lado del sofá.
Se llama boicot mental y yo lo practico en secreto para no enfermarme más del virus de la información basura y contaminada. Aprendí a practicarlo; muchos en mi país de origen lo aprendimos desde jóvenes ante los titulares mentirosos y triunfalistas de los periódicos cubanos, y me sigue sirviendo de entrenamiento para desencandilarmis neuronas cegadas por los juegos de luces y sombras, espejos y brillos usados para desviar la atención de las protestas universitarias en las calles de cualquier capital europea o latinoamericana, esta tarde misma, o que pretenden quitarle importancia a la próxima estocada que los bancos de aquí o los militares de allá, ordenarán sobre nuestros derechos y libertades.
Es una lucha tan inútil como la de recuperar y reforestar el Amazonas, lo sé. Llamo al boicot mental entre mis amigos y familiares, y algunos, también lo sé, me miran como si estuviera pre siquiátrico, pre senil, anti corriente, anti modernidad… Coinciden conmigo en los niveles de desprecio, pero conceden esos minutos de atención que una "ella cualquiera" reclama hablando de sí misma en tercera persona. Corro a refugiarme en el rincón de los incomprendidos y los ignorantes voluntarios.
¿Elitismo marginal? Me la suda, me la refanfinfla.
Saco de mis oídos los gritos desaforados de las tertulianas y colaboradoras de realities que tanto fascinan a mi vecina, me limpio del almíbar baboso de los cantorcitos adolescentes (norteamericanos por supuesto); escapo de esa mano que me sujeta y me obliga a volver el rostro hacia algo, o alguien, que no quiero mirar; de quien no quiero saber. Y me voy a buscar a otros que a lo mejor sí tienen un trabajo currado y digno de admirar, pero que nunca aparecerán en las grandes cadenas, ni en los primetimes.
Este blog en sus casi dos años de existencia ha mostrado a veces alguna de esas piedras raras del talento que se mueve y florece fuera, y al margen de los circuitos.
Mientras las divas del pop-rock de toda la vida anuncian perfumes, shampos, y coches de alta gama, y los ídolos de las quinceañeras pobres muestran cómo moverse y vestirse, yo busco (y en ocasiones encuentro) lo que los nuevos jóvenes genios están haciendo con su herencia musical en la India, en los países árabes, en Grecia, Brasil, La Habana o los Balkanes. Ellos también han descubierto la tecnología y las posibilidades que las máquinas les dan para que su antigua música de siempre se renueve y suene como si fuera a nacer mañana.
Os dejo con uno de mis últimos descubrimientos. Quien dirige todo Se llama Sanja Ilic, es de Belgrado, es compositor e investigador de la música tradicional de esa zona. La cantante es una bastante desconocida Natasha Jelic, su voz es un instrumento más dentro de esa orquesta que se hace llamar “Balkánika” La pieza es el título de este post, Korana, el nombre de un río que también existe pero que no tiene tanto glamur como el Támesis o el Sena. A lo mejor a alguien, (a algún marginal indignado como yo), le gustará lo que va a ver y escuchar en este video. Si no siempre quedarán Telecinco y sus alrededores.
El video está en chino, pero no hace falta saber para comprender, o sí....
Lo aconsejable es observar antes de responder acertadamente a cada una de las tres preguntas, palabras, que vienen a la mente ante estas imágenes de lo real maravilloso: ¿magia?, ¿truco? ¿física?
Yo, por un si acaso, y porque de ilsión también se vive, voy a seguir con mis ejercicios y entrenamientos, llevo años en ello, y luego de ver a este anciano me digo que a lo mejor no voy muy desencaminado. Yo voy a seguir, a ver qué pasa...
Escribo a una amiga, ironizo en la despedida de una carta. Primera semana de septiembre y ya estamos de o con la depre-post-vaca… La primera vez que oí hablar de ese fenómeno no pude menos que sonreír. Vaya, otro concepto que mi finada abuelita Rosa (la que me preguntaba porqué hay personas españolas que mueren de anorexia) jamás hubiera entendido. Es muy europeo, muy de país desarrollado, y los sicólogos en los programas de la tele, y los tertulianos de la radio, y los anuncios sutiles de los grandes almacenes lo tienen en cuenta y nos aconsejan la mejor manera de librarnos de ella, de la deprepostvaca, nos dan sus opiniones y consejos, sus mejores ofertas y descuentos, para que al menos nos sea leve el retorno a la realidad por cocinar.
Es un trastorno muy europeo, decía, de gente acomodada, de quienes pueden permitírselo y también y sobre todo para ser justos, de quienes se las han ganado, soñando con ellas semanas antes de que llegaran, añorando esa liberación para viajar y practicar las lecciones de inglés que aprendieron conmigo, por ejemplo, conozco algunos que se morían de ganas de que les llegara ese breve tiempo de quitarse los relojes, las corbatas, los tacones, los trajes de ejecutivas impecables.
Y esos meses y semanas anteriores a los añorados días de libertad, ¿cómo se llaman…, depre-pre-vacas? Seguramente existe, los profes llegamos reventaítos a los finales de mayos o principios de junios, con las neuronas achicharradas y los nervios de punta(s).Abuela Rosa habría tenido de esa de la pre-vacacional, crónica. Jamás cogió vacaciones. La propia palabra estaba fuera del diccionario cotidiano de la generación de los abuelos. Y si eras ama de casa y madre de doce hijos, no hay más que hablar.
Mientras, los deprimidos post vacacionales vuelven tristes a los gimnasios, miran como con aburrimiento las ofertas de ropa otoñal, se les hace un nudo de miedo en el estómago ante la idea del regresar y reemprender, de la vuelta a la oficina, vuelta a la clase, al taller; en la tele o en la radio se habla poco de las depres que no son post ni pre, de la de los desempleados con depre permanente y vacaciones obligadas que seguirán tostándose los lunes, y muchos días más de las semanas y meses venideros, al sol de los parques y las colas del paro.
Ando chungo de ánimo, aislado en mí, en espera de que se vayan el calor y los demonios...
Le mando este texto que armé hace varias semanas. Copio y pego. Y quien quiera (o pueda) entender, que lo reciba y lo sienta como suyo...
Imagino el segundo en que la idea destella en la memoria musical del creador, un diminuto punto de luz en el cerebro se conectará a otros de colores y notas diferentes, dando forma a lo que será una colección de sonidos puestos en orden, la melodía…
Percibo esos puntos de luz en las primeras notas de un piano. Imagino el contacto de las yemas de los dedos con las teclas. Veo al compositor convirtiendo acordes en escritura musical. Lo veo llevando la partitura escrita a otros músicos, que leen los sonidos, los entienden y los agregan a otros instrumentos, un violín, sintetizadores, percusión… Veo el rostro de la vocalista. Lee los arreglos finales sobre los que grabará su voz. No conozco a ninguno de ellos, ni sé en qué ciudad ocurre, pero los veo entrar a un estudio lleno de equipos de última generación. Insonorizado como una cápsula. Los veo situándose frente a los micrófonos numerados, los oigo ajustando y afinando sus instrumentos, respirando pausadamente, centrados, concentrados, proponiéndose dejar grabado eso, el eso, el rapto que les subió en forma de espiral desde el centro del estómago hacia el centro del cráneo cuando oyeron en sus mentes lo que podría llegar a ser aquella partitura convertida en materia audible. Luego intentarían juntarlo todo y grabarlo para cuando llegue ella… La que pone la voz se llama Erin Williams y hasta hace poco tampoco la conocía de nada. Ahora me obsesiona imaginar qué sentiría…, con cuál, con cuánta intensidad giraba esa espiral desde el centro de su mente hacia los túneles de su garganta. Cómo se sentirían sus acompañantes al seguirla mientras la escuchaban. Cómo estarían mirando, con cuáles ojos, los encargados de controlar las maquinas registradoras del hecho. Cómo se habrán quedado después, cuando se hizo el silencio…
Es lo único que puedo escribir sobre la grabación de este video. Imaginar cómo fue hecha esa música. Porque imaginar palabras para encadenarlas mientras escuchamos es tarea y placer de cada cual. Banda sonora íntima; archivo fotográfico privado, memoria personal, estados de ánimo incluidos.
Desde detrás de esta pantalla puedo ver las caras de algunos amigos a quienes voy a mandar este post. No les puedo privar del placer de crear sus propios estados de escucha.
Son cinco minutos con dieciocho segundos tras los cuales, quizás quien escuche con atención, pueda quedar como en estado de gracia.
Y desde la distancia, envío este regalo a mi amigo Miguel: la primera imagen recién captada, de esa primera flor casi naciendo en el día de su cumpleaños. Esa flor es una de las posesiones que más valoro en estos momentos. Me ha llevado más de cinco años conseguir el milagro de ver mi primera mariposa cubana en nuestro balcón de Málaga.
Para quien no lo sepa y lea esto, es la Flor Nacional de Cuba, se le cultiva y se le venera como flor sagrada y se colocan en los altares como ofrenda a los santos, van en los ramos de las novias, o sobresalen en las coronas fúnebres. Y emborrachan con un olor que puede recordar una mezcla de aromas: azahar, jazmín, gardenia…
Hace más de cinco años de mi último viaje a Cuba. Fue en mi regreso de ese viaje que me traje en la maleta dos cebollas, dos bulbos de esa planta, cada uno dentro de un calcetín enrollado y embutido en la punta de una zapatilla. Esas cebollitas con sus brotes verdes, eran muy especiales. Yo los había desenterrado en el patio de la casa de mi hijo, en San José.
A Málaga llegaron bien, vivas pero aletargadas por el viaje y por aquel invierno que debió parecerles eterno. Vivieron y crecieron y los primeros brotes ya malagueños prosperaron hasta que una ventolera de octubre casi acaba con ellas. Aquel año no hubo flores, ni los siguientes. Desde que llegaron han sufrido mudanzas, resolanas, dos granizadas y largas sequías por olvido de quien debía cuidarlas cuando se quedaron bajo la responsabilidad de mi hijo o de alguna de sus amigas. Por vueltas de la(s) crisis, paros, desempleos, desencantos y reunificaciones, las mariposas volvieron a esta casa, otra vez bajo nuestra custodia. El año pasado en uno de los tallos hubo un intento tímido de flor que unos moscardones comepétalos se encargaron de frustrar.
Este año, hasta anoche, cruzábamos los dedos, esa primera flor habana-malagueña ya indicaba por dónde iba a brotar, y nosotros queríamos que tuviera buena suerte, que al fin, por fin, se le diera el premio de vivir, los papeles de nacionalidad, el permiso de residencia, el de crecer y progresar pese a estar tan lejos, con tantos factores en contra, como nosotros, bregando por un espacio y una tierra. Quizás porque el valor simbólico es un buen valor añadido es que hoy esta foto y esta historia valen tanto para mí, como para convertirla en un regalo de cumpleaños y enviarla a través del aire de las redes, un símbolo de cubanía, de pureza, de resistencia, del conmovedor triunfo de la fragilidad y la belleza.